Cascadas silvestres recuerdan el gozo,
de esbozos convexos al tacto caníbal,
el alba en que ardías de mera lascivia.
La hoja que cruje debajo el calzado,
es tu espalda que retuerce ante el labio errado.
Los pájaros, tu pelo.
Las ramas, tus piernas.
De alimañas, tu sexo,
puesto que del mío, presa.
Tupida y oscura, la caricia.
Húmedo, el pudor.
En el bosque, entre el vos y el qué,
Maceras mi celo a rancios destrozos.