Que tu verso no me versa y sé que de no versarme, versolari muero.
Porque fácil deshacer en letras lo que teje la imaginación azarosa.
Que ya el césped no alfombra, ni las nubes dan función,
los amaneceres ya no poemas, ni la arena colchón,
la espera que no es ansiosa, la grulla es papel doblado,
las fotos no son maneras, los viajes ya no mañanas,
la fruta, fruto perdido, las cartas, árbol caído.
Porque la danza no suelta, ni el beso amarra,
Soldadas todas, las palabras que almendran,
Oxidada está, la mirada que abraza,
y los vientos en la cara golpes,
y nuestros hijos corriendo ancho, dibujos vagos.
jueves, 12 de noviembre de 2015
lunes, 2 de noviembre de 2015
Grandes negros ojos
La sala es grande, es blanca. Tiene disimulado un ascensor, si bien se accede por escaleras (primer piso, a la izquierda). Cada pared, uno o dos sillones por demás mullidos de color azul océano. Dos ventanas grandes, sin cortinas. Un cuadro abstracto en igual gama. Aire acondicionado (o así lo llaman). Mucha luz.
Dos baños, uno por cada sexo (sólo dos). Puerta: Lavamanos a sensor, jabón, papel, reflejo. Puerta: Inodoro, papel, tacho de llanto.
En el medio, mesa baja, cuatro vasos de plástico con café frío, una canasta intacta de galletas monótonas y multiformes.
Detrás, otra sala más pequeña, es decir, reservada. También blanca, sin ventanas ni cortinas. Atrás, una cruz imponente a madera y un hombre clavado y cabizbajo en ella. A su costado izquierdo, ruedas metro diez de flores, yuyos y claveles. A su costado derecho, la tapa apoyada vertical, del cajón delante.
--
Pararse enfrente, a ver sin lágrimas el cuerpo inmóvil y penosamente no dormido de un ser querido.
Agarrar su vida toda, quién sabe cómo y frotarla por el cuerpo propio, con el impotente deseo de hacerla viva a fuerza de recuerdos fieles.
Sentirse embaucado por la imagen de aquella materia inerte en su parecido al ser perdido; que no es tal, que no ríe, ni llora, ni reclama, ni mide, ni atesora.
Prescindir del cuerpo, botarlo fuera, enterrarlo dos, tres metros ras del césped, hacerlo cenizas, volarlo contra el viento; lo que sea, que sirva simbólica y materialmente para despedida.
Contener a abrazos y frases cortas, la culpa ajena, la carga de quien dice no haber hecho, de quien grita haber callado.
Sentirlo dolorido, llevarlo; sentirlo respirando, entubarlo; sentirlo latiendo, dolerlo.
--
Heridos y despojados, todos los que estamos.
Decimos perderlo, por evitar ir a buscarlo.
Sobran condolencias y quien viene a ver más que de curioso que de allegado.
Faltan respuestas de las preguntas que todos se hacen cuando finalmente ocurre.
Dos baños, uno por cada sexo (sólo dos). Puerta: Lavamanos a sensor, jabón, papel, reflejo. Puerta: Inodoro, papel, tacho de llanto.
En el medio, mesa baja, cuatro vasos de plástico con café frío, una canasta intacta de galletas monótonas y multiformes.
Detrás, otra sala más pequeña, es decir, reservada. También blanca, sin ventanas ni cortinas. Atrás, una cruz imponente a madera y un hombre clavado y cabizbajo en ella. A su costado izquierdo, ruedas metro diez de flores, yuyos y claveles. A su costado derecho, la tapa apoyada vertical, del cajón delante.
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Pararse enfrente, a ver sin lágrimas el cuerpo inmóvil y penosamente no dormido de un ser querido.
Agarrar su vida toda, quién sabe cómo y frotarla por el cuerpo propio, con el impotente deseo de hacerla viva a fuerza de recuerdos fieles.
Sentirse embaucado por la imagen de aquella materia inerte en su parecido al ser perdido; que no es tal, que no ríe, ni llora, ni reclama, ni mide, ni atesora.
Prescindir del cuerpo, botarlo fuera, enterrarlo dos, tres metros ras del césped, hacerlo cenizas, volarlo contra el viento; lo que sea, que sirva simbólica y materialmente para despedida.
Contener a abrazos y frases cortas, la culpa ajena, la carga de quien dice no haber hecho, de quien grita haber callado.
Sentirlo dolorido, llevarlo; sentirlo respirando, entubarlo; sentirlo latiendo, dolerlo.
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Heridos y despojados, todos los que estamos.
Decimos perderlo, por evitar ir a buscarlo.
Sobran condolencias y quien viene a ver más que de curioso que de allegado.
Faltan respuestas de las preguntas que todos se hacen cuando finalmente ocurre.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Sucesos success
Dar cuenta con lenguaje técnico, lo ocurrido. Explicar en horas precisas, en lugares de dirección expedientada, en palabras grandilocuentes, sucesos que según leyes otrora así redactadas, deben de ser punibles o al menos, judiciales.
Memorizar con precisión que excede a la propia memoria; archivar con rigor absoluto. Darle una intención. Tener que pararse si o si de un lado a ver y redactar.
Darle al texto oralidad si así fuera necesario. Tener que encontrar al menos cuatro ojos terceros que vieran y describan igual, que den fuerza al relato propio. Pasar el cuerpo por requisitos legales irrisorios, bañarlo todo con baldes de formalidad. Que "el otro" pase a ser llamado Usted y "demandado" y yo, "demandante" y también persona física de DNI tal, x años y x lesiones.
El tire y no afloje entre lenguas intercesoras, el uso extenuado del pronombre relativo "lo cual", la corbata, los tacos, y el maquillaje en ambos, en todos.
La postura, el sudor, la duda, de si mostrarse enfadado, indiferente, denunciante o denunciado.
Esperar, esperar los plazos que la justicia diga, para exponer como ella así lo requiera.
Fotografiar, fotografiar para dar testimonio.
Que los médicos escriban y describan, que se sepa que fui a verlos.
Que no es lo mismo, de acá que de allá, que de noche o de día, que si iba o venía, que si ganaba perdía, que si vivía moría.
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