jueves, 6 de agosto de 2015

Humus

Pisar las baldosas, que mis pies sacudieron en alguna escondida rancia. Esas mismas en las que vendí limonadas en verano; las que vibraron los esbozos coreográficos trazados por y para mí. Es decir, sobre las que apoyé manos para verticales o quizás medialunas, tal vez souplesse, mejor dicho, rondeau; léase, sobre las que apoyé cuerpo. Por ende, a las que pisé rápido cuando el colectivo era capaz de dar la media falta. Las que supieron de los chapes largos o las que arroparon materia en cálidas noches del verano con estrellas. Esas, que besaron las saladas lágrimas de algún desencuentro y con las que inventé poemas de destinatario anónimo.
Andarlas desinteresada y absorta en el camino que hace tiempo era magia de juventud procaz y ahora tan sólo sendero hacia, resulta injusto y lamentable.
Que me fastidie dar con el mismo trozo de piedra-calla-diluvios, que otrora hubiera preferido saltar sobre.
Que me olvide recordar los escritos sobre el cemento fresco del día que reafaltaron la calle.
Que esquive el hecho de que el ficus que da tierna sombra a mis tardes, fue el que plantamos para recordar el día que nos mudamos.

Azulejos, cemento, barro, excremento. Objetos perdidos y olvidados, hormigas, chicles, amigas, bicicles.

Lascivo

Buscar para encontrarte, encontrarte para no perderte, perderte para buscarte.

Lo zucchero é sotto

Besar mis oídos con el enternecedor sonido del trueno que la lluvia no quiera abrazar.
Dar al día el clásico tinte nostálgico para no olvidar costumbres y manipular alternativas de derrumbe para evitar sucumbir al gesto que me acierte endeble.
Leer en lo húmedo el silencio que pronunciabas la noche aquélla en la que silbábamos margaritas brincando las ovejas que hicieran dormirnos.
Oler en el barro, el calor de tus manos hechas atlántico. En la mesa, el tamiz de tu infancia. En tu espalda, los miles ladrillos. En tu casa, el cobije de mis desvelos. En tus ojos, la felicidad que me suscita canciones. En tu boca, historias eternas de variables personajes. Mas en tu risa, bondades otras.