Hoy,
es decir veinte de enero del dos mil veinticuatro,
conocí el hedor-aspecto de un huevo podrido en mis revueltos del desayuno.
Por vez primera.
Dejo aquí plasmado lo que en tanto huevívaros, experimentaremos -o no- alguna, -o más veces- en la vida.
He aquí mi tintacto.
Acto.