martes, 9 de diciembre de 2014

Las tormentas en verano

Descubrirse encontrando miserias donde supo caber ventura; destaparse las ollas del desapego para que el vapor caldeado en desencuentros diera al aire, un humo de añoranza.

Y ceder, ceder al recuerdo insoslayable y tortuoso de placentero. Recopilaciones involuntarias y subjetivas de lo acontecido; recortes reunidos según título, de una historia que podría ser o no la misma.

Darle como rótulo algo parecido a lo que sabe la “nostalgia” y recolectar memorias como segundos. Crear el libro apropiado y ponerse a pasar página. Multisensorial experiencia que agota lo conocido, mezcla secuencias, olores, sabores, paisajes, palabras, retazos de cuerpo, imágenes de uno, incluso impropias generadas por el cine y la imaginación en reminiscencia.

Ver alterados esquemas orgánicos y concepciones que evaden a la superstición, sentir como llueve dentro, poder imprimir el labio con las fotos que ha tomado el beso, el hueco del abrazo, el tiempo.

Dejarse llevar por el orgásmico y avieso juego del no-olvido.

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