sábado, 3 de enero de 2015

Abstinencia

Cigarrillos de póker haciendo humo en el tintineo de las cinco y cuarto que no son las tres ni las diez; pájaros intrépidos que invaden el sueño que pudiera tener cuando aclarece; azúcar de cereal maltratado y cuatro semillas brotando transoceánicas.

Despertarse y no reconocer que el viento que golpea es el que abraza, que cuando reí fue con los ojos cerrados y que lo sabroso de tu cuerpo no está en él, sino en las hojas que mueren crujientes en tus pies.

Bailan las palabras un baile exitosamente ridículo y desayunamos el sol que enternece la natura con subliminal caricia, el mismo que amarilla tu sien izquierda.

Cantamos las sobras que dejó la noche y desafinamos en la segunda estrofa porque no la sábes bien.

El pijama que nos queda corto para las compras es el mismo que nos sobra en el sofy mientras pienso decírtelo me asqueo de la palabra encelada y voy a vomitar.

Y cuando vomito, son las flores las que salen, porque si qué es pesado soportar la miel, contener el susurro para que no me repugne tu cara atontada por el acto que nunca tengo.

Mataron al ñandú, ni un dosmilquince le dieron. Tampoco es que le darían tanto, pero es que tarde previa habíamos conversado y claro que no contaré los secretos que dijo confiarme, sólo que siempre es tarde cuándo (...) buena. 

Demosle una vuelta al silencio para probar cuán osados podemos ser en la sombra, arranquemos de cuajo la fantasía para estar hechos nomás de heridas y vestidos cual muertosvivos salgamos a batallar las esperanzas y todo eso amargo.

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