domingo, 4 de octubre de 2015

Sh

Despertarse en el vacío del no, del no haber, de lo callado, lo silenciado, lo muerto.
Saberse acompañado a distancias, querido a océanos, abrazado nunca.
Caminar la casa entera, sobre el murmullo de lo sordo, en soledad armónica con el cuerpo.
Pensarse es irrevocable. Verse multiforme en los ojos ajenos, en la boca ajena, en el pensamiento.
Figurarse en sueños, en recuerdos, en lágrimas dulces, en cuerpos.
Segundos musicalizados en compás eterno, saben dar las siete, las cuatro y las ocho. Sin apremio, sin mesura.
Que este desamparo, es rico sólo por ser transitorio.
Que este anhelado abandono, no es otra cosa que vacaciones de materia, pero no de afecto.
Que bien digo que no, que no podría sostener placer, si así no lo fuera.

Pavor de escribir que tan sólo es amor, compañía y no materia, no particularidad, no esencia, no persona, lo que vine a añorar en letras.
Como si no interesara ni el quién, ni el cuándo, ni el dónde, ni el porqué, ni el para qué, mucho menos el para quién.
Como si se tratara sólo de -cómo-.

Temor.

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