domingo, 9 de octubre de 2016

Anecdotario

Miércoles 28 de septiembre del 2016, son las 7.14 hs
Me despierto y están ahí, parecen no haberse ido. Ayer a la noche los dejé, les dije que se fueran, que no me interesaban, bah que de hecho que si me interesaba que se fueran, pero resistían y me desvelaban. El llamado a las ovejas, fue inútil. Doscientas cuarenta y un, doscientas cuarenta y dos ovejas apretadas tras el cerco que previamente habían salto y nada. Quizás hubiera necesitado tres mil ovejas, o casi diez mil, no sé, pero no entraban más detrás de aquel cerco y temía que empezaran a pelearse, se entiende, ya no había espacio.
Abro los ojos y dije, sí, se fueron, porque estoy abriendo los ojos, debe ser de día, ya se fueron. Pero otra vez. No sé si es que justo vinieron o estaban esperando momento oportuno, quizás sólo fueron condescendientes con mi descanso tardío, da igual, lo importante es que están ahí, siguen ahí y no quieren irse.
Evoco a otros, para que se vayan, para que los echen, pero parecen llevar concubinato a gusto. Eso es, parece que disfrutan, no lo soporto, quiero que se vayan y que no vuelvan. Se dan cuenta, es imposible no darse cuenta, yo me daría cuenta.

Miércoles 28 de septiembre del 2016, son las 18.32 hs
Hola, yo otra vez. Siguen.
Bueno, la oficina estuvo bastante bien. Digo, podría haber sido peor. Me conformo con eso. En verdad no es que me conforme, si no que bueno, podría haber sido peor y sí, no estuvo tan mal. Salvo cuando bajaba las escaleras para ir al otro edificio, salvo ahí. Bajaba y lo sabían, otra vez ellos, inmutados. Sin hacer nada, que es lo que siempre hacen. Me fastidian. Hice como que no me dí cuenta y seguí. No fue suficiente. Eso fue más o menos a las 12.20, 12.30 hs. Desde ese momento, no pude evitarlos y se quedaron con mi última media hora de jornada laboral.

Jueves 29 de septiembre del 2016, son las 05.25 hs
Otra vez yo despertando. Tengo calor. La sábana está pesada, saco mis piernas por encima bruscamente, tengo calor, me quedo mirando el techo. Las formas de siempre sobre las vetas de la madera, el chancho anorexico a las 9.14, el gato de anteojos a las 2.30 e incluso la forma marciana de la esquina, que está rara, algo tiene, no logro ver bien, aprieto los parpados uno contra el otro fuerte dos segundos suficiente, los abro y vuelvo a la forma marciana, enfoco, pero qué es, no sé, pero siento que tendría que tener miedo y no tengo y no sé que hacer. Es que hace frío y no estoy tapada, debe ser eso, simplemente tenía frío y no supe ver. Me tapo, la cama está cómoda, entrecruzo los dedos, los apoyo en mi cabeza. Hay cada vez más sol en la pieza, de a poco ocupa espacio oscuro, reparo en el techo, pienso que debería cambiarle el color, me aburre tan liso tan blanco, pienso que podría ser verde, sí verde, como ver césped mullido desde una nube. Hoy compro la pintura, mañana será verde, me voy a despertar y lo primero que vea, va a ser verde.

Lunes, 3 de octubre del 2016, son las 20.10 hs
Fue en una plaza, había viento, no había gente. El viento movía las hamacas, le daba soneto a la plaza. Anochecía. Leía en el banco. Creo que estaba por el capítulo 4, del tomo II, cuando de pronto leí una palabra que no debería haber leído, cerré el libro, lo metí en la bolsa, rápido. Las manos en las rodillas, erguida, temblaba mirando a la pared detrás de las hamacas furiosas que se pegaban entre ellas y contra el viento, las cadenas que no paraban de chirrear y yo, lo sabía, iban a volver, por qué tuve que leer. Volvieron. Yo decía que no con la cabeza en clara señal de desautoriazación. Pensé, voy a abrir el libro en una página cualquiera y ponerme a leer, y así hice, lo saqué de la bolsa y me puse a leer, en voz cada vez más alta, de a párrafos sin puntuaciones, no respiraba, gritaba estrofas que se perdían en el viento que silbaba y las hamacas como truenos...Yo sentada. No se iban.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario