Cederme tus recuerdos de manera tan literal, esparcirme tiránicamente
la materialidad de la reminiscencia de un pasado del que no fui partícipe. Como si el
acto de despojarte, te hiciera olvidar. Como si a mi, hicieran conmemorar tal
experiencia impropia.
Donarme tan abiertamente souvenirs de vos, todo el tiempo. Souvenirs en los gestos, en las palabras, en la mueca infante cuando mi palabra
golpea tu ego, en las preguntas abstractas, en la imaginación de encontrarnos sobre arena húmeda, en el atrevimiento inmediato de confiarme tanto, en el deseo
de ayudarme, en la intención de romper mi cáscara, en el acto de exponer para luego liquidar,
en la habilidad de mirar figuras y construirles absurdas historias, en el
cuidado de no adjetivar en sobremanera, en los obsequios, en los cien pesos, en
las cartas que el azar donó para determinar tu vida, en las yemas, en las ideas
apocalípticas.
Souvenirs en todas partes, adonde vaya, aunque sé no te pertenecen,
estás en naranjos, en cielos uniformes, en el príncipe de algún cuento. El otro día te vi en aquel hombre de plaza que gesticulaba sugerentes espacios y objetos narrándolos con
su cuerpo, con su lenguaje gestual, evitando el sonido, la palabra.
Souvenirs, en mis letras, en lo que pudiera escribir, en la
forma que tuvieran. En la impetuosa necesidad de ver un papel y no soportarlo
vacío. En la obligación de tener que expresarlo...
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