miércoles, 5 de noviembre de 2014

Reliquias


Atropello de palabras, cuantiosos bollos agusanados de letras oxidadas que se anidaron de haberseles censurado.
Frases enteras a las que prohibióseles transitar vía libre, traspasar frontera, tras horas y horas de cola en la aduana del Pesamiento.
Signos de Exclamación, organizados en un collar de dudoso desenlace. Para caber, para soportar la claustrofobia, para tratar entenderse en la heterogénea masa de remanentes en pena.
Preguntas, cuatrillizas algunas, solteronas legendarias que no toparon Respuesta que bien les venga. Prefieren no amontonarse. Eligen pasear cortejando a quién las mire seducido por su incógnita figura.
Silencios, pesados, robustos, se asientan. Ocupan gran espacio invisible, observan, no exponen, no mueven. Solo contemplan con la sabiduría del oportuno.
Infierno de Hades.
Dudas, de todas dimensiones, cual microbios irrumpen cualquier sitio. Revoltosas, elásticas, bufonas.
Lo chocan todo, lo interpelan. Menuda maniobra de exponer tan fácilmente al desnudo, pedacitos de Seguridad.
Suspiros, nostálgicos, noveleros. Circulan valseando un lento con la música que toca para sí, el Desahogo.

Así, estas y otras presencias espectrales, invaden súbitamente el ordinario. Problema de los osados, que sin pensarlo se piensan.

Habitan en un lugar que se ignora y sobreviven con las migajas que les tira el Recuerdo.


Desconciertan. Uno se pasma, calla al reloj, viaja al remoto donde los verbos podían contarse en presente, relee páginas, busca los vocablos no dichos, los recorta y  pega donde deberían haber ido. Para figurarse distinto, para improvisar lo que “pudo haber sido”, de aburrido.

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