Sepa que maneja metáforas a bolillero, que hay cierto formato donde se vuelcan libres de contexto y pese a su caída azarosa toman forma en el todo que conforman.
Y cuando digo forma, entiéndala maleable a sus ojos, lectora. A su verse capturada, descripta, seducida. Que las palabras plasmadas están inmóviles pero es el tiempo el que les va adulterando significado.
Y ponga especial atención en el gerundio, porque ese continuo de duración indefinida es el que muta el cartón de la lotería de textos. Resultando que a su grito ¡bingo! del cual espera semejante recompensa, suenan al unísono otros y ya no sólo no cantó primera, si no tampoco es única en jugarse cartón lleno.
No se alarme, se sabe que en quien escribe siempre hay conocida tendencia, re utilización de recursos, no vengo a decirle nada que no sepa. Le escribo, mas bien, anticipándome a su desencanto. Que en la prosa en la que usted se halla, caben otras quienes también encuentran hecha poesía su particularidad.
Que de eso se trata, de cautivar poniendo en letras lo que cree nunca nadie vio, avergonzó, susurró de usted. Que para qué uno escribe si no es para estimular lo imposible, trazar lazos inconexos, enardecer el deseo en el paraíso distópico de utópico.
No llore la falta de singularidad, festeje la versatilidad del texto.
Sin más, la saluda atentamente,
Otra Futura Lectora.
PD: La unicidad va por fuera.
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